jueves, 15 de septiembre de 2011

te siento

A pasado… me da igual lo que haya pasado, el punto es que estoy harta, HARTA, de no poder ver, todas las cosas como los arboles, el cielo y todo lo que nunca le tome importancia y ahora añoro apreciar, las hojas verdes, esas hojas de inmensas tonalidades de verde que al llegar otoño cambiaran de color a rojo, después amarillo hasta llegar a café, café claro, café como el cabello de Annie y el cielo azul, como los ojos de Alex… hace tanto que no lo veo…
-Oh, Eva- escuche que gritaban desde el otro lado de la puerta, a tientas llegue a la puerta y abrí- hola hermosa ¿como estas? – Era Mike, esa tonadita de voz era inconfundible. Escucho cuchicheos, no sé bien quién es y antes de preguntar quién es, alguien responde.
-Ho- Hola Eva, soy yo, James… me preguntaba… -cuando lo escuche hablar sentía una clama enorme, creo, creo saber que esta sonriendo nervioso.
-¿Estas sonriendo?- lo interrumpí. De pronto sentí que estaba sorprendido- acaso ahora ¿estás sorprendido? – creo que me veía bastante emocionada y a la vez nerviosa porque escuche que Mike tartamudeaba algo, algo así como “¿pero qué demonios?”.
- s, si ¿Cómo lo supiste? – Se escuchaba un poco exaltado, tratando de disimular lo nervioso que estaba- ¿acaso me vez?
-no, simplemente lo sentí, no sé cómo explicarlo, pero te sentí – Mike comenzó a reír frenético, gritándole a mi mama que viniera, que necesitaba que ver esto… pero, ¿Qué es exactamente “esto”?
Estuve unas cuantas horas adivinando que gesto ponía James y en todos y cada uno de los gestos que ponía los sacaba correctos; estaba emocionada, realmente emocionada, tal vez no podía ver, pero podía sentir a James, quería sentir a James, eso era lo más grandioso que me pasaba desde Alex… Olvidemos esa parte… eso era lo más grandioso que me había pasado desde toda la vida.
POV Alex
Listo, ya me prepare mentalmente, iré a la casa de Eva, la extraño y aunque no la amo, quiero verla y disfrutar de sus hermosos ojos profundos y llenos de vida, porque a pesar del accidente, a Eva nunca se le borrará la vida y la luz de su hermosa mirada vacía. Estoy listo para entrar al antiguo carro color rojo pasión, con cual Eva salió disparada, el auto que quedo con solo unas cuantas abolladuras y raspones que en unas semanas se podrían arreglar, pero las abolladuras y raspones de Eva nunca, nunca se podrían arreglar ni con el mejor medico del mundo.
Llegue a la casa de Eva demasiado nervioso, no sabía cómo reaccionarían los padres de Eva, no solo los padres, si no ella. Toque el timbre, espere poco tiempo y abrieron, era Mike, estaba llorando, pero n estaba triste, más bien lloraba de felicidad.
-¿Qué pasa hermano? ¿Que tiene Eva? ¿Le paso algo? – el solo negó con la cabeza.
-Eva ve… bueno no ve, siente, pero solo los gestos de James, lo demás no lo logra sentir – me quede plasmado, ¿Cómo que sentía los gestos de James?
Subí los escalones de dos en dos, llegue al cuarto de Eva, toque y su mama me abrió la puerta.
-emm… - me vio con una mirada amenazante, vi hacia abajo- pasa rápido – se escuchaba emocionada, me dejo pasar y e tomo del brazo- te perdono – mi rostro se ilumino, me había perdonado su madre, ahora faltaba el perdón de Eva y el perdón de mi corazón.
Estaban todos sus amigos mas íntimos (que también eran míos), Mike, Lia, James, Annie y familiares. Fui hacia Eva tome su mano.
-Hola pequeña – al momento quito s mano de mi bastante alterada, se calmo y sonrió.
-Hola Alex… ¿Qué haces aquí?
- eso es personal pequeña, ahora quiero ver tu hallazgo, muéstramelo – voltee a ver a James – ven hermano, quiero ver esto yo mismo.
Era sorprendente, en ningún gesto erraba, todos eran correctos, en verdad sorprendía, era un milagro. Eva estaba muy concentrada y James tenía una mirada triunfal y a la vez tierna, algo así como paternal, Eva desvió la mirada del suelo, James se sorprendió y Eva se puso como a buscar a alguien.
-Alex… Alex – alzaba los brazos y veía hacia donde se encontraba un buro blanco con una lamparita lila y un libro, supongo que su madre le leía el libro. Me acerque a ella, tome su rostro y lo dirigí hacia mi dirección- quiero ver tus gestos – asentí, aunque sabía que no me veía, lo hice por inercia.


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